Freta nos obligó a admitir algo: sabíamos mucho de bebidas, pero no tanto de feminidad. Tocó desaprender antes de diseñar.
Con un presupuesto que apenas alcanzaba para equivocarse una vez, el video dejó de ser una opción creativa y se convirtió en una decisión estratégica. Cada plano tenía que justificar su existencia.
Funcionó.
La gente empezó a buscar Freta antes de encontrarla.
Mientras trabajamos con la marca, el portafolio creció con cinco nuevos sabores y la distribución dio el salto hacia plataformas de entrega a domicilio.
Una campaña puede hacer ruido. Una buena marca hace que la busquen por su nombre.